"Azorín: 1931-1932"
José Payá Bernabé
Casa-Museo Azorín
Veinticuatro horas y un poco de decisión faltaron a Azorín para ser elegido diputado a Cortes por la candidatura de coalición de Izquierda Republicana y Socialista1, de la provincia de Alicante, en junio de 1.931.
Nuestro autor encontró el apoyo del periódico republicano alicantino La Raza Ibera que, el 6 de junio de 1.931, hizo pública su candidatura, en la cual figuraban los nombres de Germán Bernácer; Francisco Figueras Pacheco; Carlos Esplá; Rafael Altamira; Azorín; Rodolfo Llopis; José Guardiola Ortiz y José Pérez García Furió. Ampliándose esta candidatura el 13 de junio, con dos nuevos personajes: Oscar Esplá y Angel Pascual Devesa; resultando una lista llena de prestigio, como se desprende de las semblanzas que, elogiosamente, traza de ellos el diario. Concretamente, en lo concerniente a Azorín, aseguran que "es un escritor que ha colaborado eficazmente en el triunfo definitivo de la República (...) desde su esfera de escritor republicano libre de toda impureza. Por amor a la República, por alicantinismo, hemos hecho figurar el nombre ilustre de Azorín en nuestra candidatura -afirma La Raza Ibera. Hombres como él son los que han de acudir a la próxima Asamblea Constituyente. Hombres de su alta y privilegiada mentalidad, de su comprensivo amor a los obreros -ahí tenéis su obra reciente Pueblo, de su sensibilidad sutil. Hombres que lo sean de su tiempo y de la Europa libre, digna y culta a que aspiramos".
Junto a esta alabanza al autor de Castilla, traza el diario una serie de perfiles biográficos del resto de componentes de la candidatura, presentada, bajo un Manifiesto a la opinión, encabezado por una frase de Ortega y Gasset: - "Y ahora lo más importante para el porvenir de la República es la calidad de los candidatos que van a ser elegidos y a integrar la Asamblea Constituyente".
Esta candidatura del diario republicano, tan atractiva a priori, se ve acortada por la baja, en primer lugar, de Rafael Altamira, quien explica al director del periódico su imposibilidad de "aceptar por ser, todo cargo político, incompatible con el mío de Juez en el Tribunal de La Haya"; y, en segundo lugar, por la creación de una nueva candidatura denominada Izquierda Republicana y Socialista, formada por algunos miembros escindidos de La Raza Ibera, como Carlos Esplá y Rodolfo Llopis que, junto a Juan Botella Asensi, Manuel González Ramos, Julio Mª López, Antonio P.Torreblanca, Romualdo Rodríguez Vera y el indeciso Azorín, presentan otra alternativa al electorado alicantino.
Como se ve, Azorín permanece en ambas candidaturas sin decidirse a abandonar la lista de La Raza Ibera, ni oponerse a ser incluido en la candidatura de Izquierda Republicana y Socialista, coalición que emprende una espectacular campaña propagandística en el diario El Luchador, de Alicante, donde figura en sexto lugar, tras Juan Botella Asensi, republicano radical; Carlos Esplá
Rizo, independiente; Manuel González Ramos, socialista; Julio Mª López, republicano radical socialista; Rodolfo Llopis, socialista; y delante de Antonio P. Torreblanca, republicano radical socialista; y Romualdo R. de Vera, socialista. En esta segunda candidatura, se hace constar que Azorín iba como independiente.
También competían Derecha Liberal Republicana, encabezada en el ámbito nacional por Alcalá Zamora y Miguel Maura, siendo Joaquín Chapaprieta su principal candidato por Alicante, así como Acción Republicana, Juventud Republicana de Alicante y el Partido Radical de Alejandro Lerroux. Parte de los partidos citados se asociaron, dando lugar a Coalición Republicana, nacida de la unión de radicales lerrouxistas, derecha liberal republicana y republicanos liberales, cuyos componentes fueron Miguel de Cámara (radical lerrouxista); Pedro Beltrán de la Llave (derecha liberal -republicana); César Oarrichena (radical lerrouxista); Gregorio Ridaura (d. I.r.); César Puig (rad. lerr.); Joaquín Chapaprieta (d. I.r.); Manuel Pomares (r.l.); y Romualdo Catalá (d. I.r.).
Crisol, el 18 de junio de 1931, recoge un comentario sobre Azorín efectuado en la sección de "Siluetas republicanas" de La Noche. Asegura en periódico que el escritor monovero "no es nuevo en el republicanismo, ni una inconsecuencia en quien anduvo peregrinando por todas las ideas y todas las políticas. Azorín, verbo de Castilla, había sido ya verbo de la República, y había entronizado en sus libros a la democracia y a la libertad. La había entronizado en Castilla, cuando buscaba en sus clásicos, en una búsqueda incansable, aires nuevos y facetas inéditas. Y de todo había sacado a flor de piel esa inquietud común y humana, esa vibración ante lo hondo y lo humano, que es la más pura esencia de España. Así ha logrado que estos ideales, recién conquistados, hincaran sus raíces en lo más profundo del alma española".
Martínez Ruiz continúa afirmando Crisol -, "sabe como nadie de la recia raigambre hispánica de la libertad, y como pocos conoce el anhelo de ser y de surgir que, como una inquietud secular, latía en nuestros hombres representativos. Así, el republicanismo de Azorín tiene el nombre de españolidad, porque todos los ideales republicanos, han sido ayer y han sido siempre alma del alma hispana. La República es ya en España la tradición. Azorín, a quien las multitudes españolas fueron labrándole el alma, es hoy un severo guardián de la República, y desde su estafeta de Crisol, los ojos claros y serenos puestos en España, sabe saltar, con la agilidad de sus primeros tiempos sobre el primer peligro o sobre la primera insidia"
Al acto electoral del día 20 de junio de 1931, no acude el escritor monovero2. Tendría que haberlo hecho ya que estaba prevista su participación en la reunión de la Conjunción Republicana, que se desarrolla en la Plaza de Toros de Alicante, ante doce mil personas. Intervienen en ese acto Julio Mª López, Antonio Pérez Torreblanca y Botellas Asensi, por los partidos republicanos; y, por el PSOE, Rodolfo Llopis y Antonio Cañizares, quien, a última hora, sustituye a Azorín como orador3.
En El Luchador, el viernes 26 de junio, redacta Azorín un interesante artículo, ambiguo en cuanto a definir su postura, titulado "Motivos de una canción", donde afirma: "Mis primeras palabras, habladas o escritas, al pisar con ocasión electoral, el suelo alicantino, han de ser de gratitud. Agradecidísimo a que mis conterráneos se hayan acordado de mí con tal motivo. Sea cualquiera, el resultado de la lucha, siempre recordaré con agrado el gesto de mis paisanos. A las entidades y personas que me han designado para figurar en las dos candidaturas en que mi nombre figura, y a todos, a los altos a los humildes, mi perdurable reconocimiento. Y dicho esto, permitidme que comience a entonar la cantinela que dije hace días en Madrid que iba a entonarles a todos y con todos los motivos. La república española es indestructible; que todos se convenzan de ello; que lo sepan los recalcitrantes y que lo divulguen los que tienen ese convencimiento. Treinta años ha estado elaborándose la República; treinta años de crítica multiforme de los valores del Estado; treinta años de afanes, de esperanzas, de decepciones, de tejer y destejer. Pero en tanto, la idea avanzaba, y la monarquía, que representaba lo tradicional, lo caduco, lo anacrónico, iba palideciendo, resquebrajándose, derrumbándose. Y al cabo de esos treinta años, un día, suavemente, con dulzura, silenciosamente, la República advino. Y encarnaron el nuevo régimen, que habían fecundado los intelectuales, unos hombres abnegados que por la implantación de la República lo arriesgaron todo. ¿Quién dice que la República puede perecer? ¿Quién es tan insensato que espera el retorno de un régimen que no supo defenderse él mismo? <<Per in eternam >>, la República en España. Y si la república desapareciera, por impaciencias de los más avanzados y por conspiraciones de los retardatarlos, lo que vendría a la nación española no sería el caduco régimen, sino la confusión, el caos, el espantoso desorden en que serían destruidos hasta los cimientos de los Bancos y de los templos.
Clases conservadoras: apoyad la República, facilitad la tarea de la República, ayudad la República, sostened la República, corroborad la República. Porque a vosotros, señores, interesa, más que a nadie, que la República se salve y que España permanezca incólume. Y apoyad y sostened, y ayudad, y corroborad, con lealtad, sinceramente, como quien realiza un acto de patriotismo y de cultura. Esta es, en síntesis, la cantinela que voy a cantar viejo cantor en todas partes, en esta maravillosa tierra alicantina, toda luz y toda finura. Azorín. Alicante, 25 de junio de 1931".
Curiosamente, el diario El Luchador de ese mismo día, 26 de junio, recoge, además del artículo epigrafiado propaganda de la candidatura de Izquierda Republicana y Socialista; un manifiesto de los candidatos republicanos - socialistas rubricado por todos menos por Azorín, y el anuncio de un acto político a celebrar esa noche por parte de La Raza Ibera, promulgando que intervendrá Azorín. Es desconcertante ver cómo todo esto aparece mezclado, en la primera página del diario, sin orden ni concierto, ni ningún tipo de aclaración.
A pesar de no mencionar expresamente a Azorín, el manifiesto Republicano Socialista es suficientemente elocuente para deducir que ese día, 26 de junio, los firmantes del mismo deciden excluir a Azorín de la candidatura, sustituyéndole por Jerónimo Gomáriz, en vista de que esa noche José Martínez Ruiz iba a protagonizar el mitin organizado por el semanario La Raza Ibera. La proclama dice textualmente: "A medida que se acerca el día de las elecciones se advierte con más claridad la conducta de nuestros adversarios deseosos de sembrar en el cuerpo electoral la más funesta de las confusiones. Para ello apelan a los viejos recursos del más desprestigiado electoralismo lanzando candidaturas y más candidaturas en las que aparecen algunos de nuestros nombres en compañía de otros candidatos que no han sido elegidos por nuestras organizaciones respectivas. El partido radical socialista y el partido socialista, nos han mandatado a nosotros y nada más que a nosotros para que integremos la candidatura de diputados de las constituyentes. Sólo la candidatura en que aparecen nuestros nombres es la candidatura auténtica libremente elegida por nuestras organizaciones responsables (...). Antes de votar deben fijarse bien en todos y cada uno de los nombres que constituyen la candidatura. Que sepan nuestros correligionarios, simpatizantes y amigos que nosotros desautorizamos toda candidatura, lleve los nombres que lleve, que no sea la elegida por nuestros organizadores. Quien vote otra candidatura que no sea la nuestra, siendo amigo nuestro, nos traiciona y traiciona nuestras ideas. Que estén prevenidos. Que nuestros adversarios han mezclado nombres o lanzan candidaturas con once nombres, a sabiendas que solo pueden votarse ocho, para que queden eliminados los tres últimos. ¡Correligionarios, simpatizantes y amigos: a votar el domingo, como un solo hombre, la candidatura de izquierda republicana y socialista!. Firmado, Julio Mª López, Antonio Pérez Torreblanca, Juan Botella Asensi, Rodolfo Llopis4, Manuel González Ramos5, Romualdo Rodríguez Vera. Tampoco firma Carlos Esplá, el otro independiente junto a Azorín.
Mientras, Azorín acude al Teatro de Verano, "ocupado por un enorme gentío", participando con Francisco Fiqueras Pacheco6, José Pérez García7 y Germán Bernácer8 en el mitin de La Raza Ibera donde, además, se leyó una epístola de Oscar Esplá, imposibilitado de acudir por haberse quedado enfermo en Madrid, y unas cuartillas de José Ortega y Gasset, quien profiere: "La convocatoria a Cortes Constituyentes debió significar en toda España como un concurso que se abría entre las provincias para ver cuál enviaba al Parlamento representantes de mayor capacidad. Se trata nada menos que de un parlamento encargado de construir el nuevo Estado español, y un Estado es una fabulosa obra de Arquitectura. Era natural, pues, que cada provincia, sin el menor titubeo, hubiese, desde luego, aplastado las ambiciones enanas de partido, partidillo y partidejos y, saltando sin más sobre todo ello, hubiese extraído de sus recónditos cobijos a los hombres de la comarca que poseyesen más clara visión arquitectónica. La ventaja mayor de la democracia es que tiene siempre las manos libres. Libres de castas y rasgos petrificados para poner sus destinos en manos de los mejores. En algunas provincias, sin embargo, no va a acontecer esto. Como los mejores se están quedos en su rincón, se adelantan los más livianos, que son siempre los más ágiles porque no pesa sobre ellos la grave impedimenta que es el sentimiento de responsabilidad. Todo está bien compensado en el mundo, y el que no tiene gran inteligencia o finura moral suele encontrarse dentro con un tesoro de audacia. Por eso es la historia, desde siempre, una guerra sorda y subterránea entre los capaces y los audaces. No hay que exagerar, sin embargo, el pesimismo sobre el nivel medio de las próximas Cortes. Yo, que fui el primero en dar la voz de alarma ante la avalancha de ineptos que las primeras candidaturas en muchas provincias anunciaban, digo ahora que en casi todas partes fueron eliminadas y que día por día han mejorado las calidades. Aun ahora, después de la proclamación de candidatos, recibo informes frecuentes de nuevas eliminaciones y se advierte un desplazamiento de las fuerzas electorales hacia los nombres de más denso prestigio. Por esa razón me hago grandes ilusiones sobre la decisión de Alicante. Yo espero que esa magnífica candidatura, en que hay muchos nombres a la vez tan de esta tierra y tan universales, triunfe con abundancia. Tiene Alicante, por todo su viejo pasado, una tradición como eterna de democracia. Esto obliga a esa provincia a no comportarse como si ahora estrenase su actuación democrática, como si estuviese en las primeras letras del régimen popular. Debe conducirse como doctora en plebiscito y, dejando a un lado los que se agitan más, exaltar al mejor equipo de arquitectos nacionales. Los demás españoles tenemos el derecho y la esperanza de que Alicante nos envíe buenos forjadores de la historia". Las cuartillas de Ortega y Gasset fueron ovacionadísimas, según recoge el periódico9.
La intervención de Azorín, ovacionada con entusiasmo10, consistió en una breve lección de historia, comparando la República del 73 y la de 1931. Para el autor de Los Pueblos, "los monárquicos están emboscados, pero afirma que si cayera esta República no vendría el Borbón destronado ni ninguno de sus tristes vástagos, sino un estado tal de anarquía... (En el público se da un viva a la Monarquía, que es contestado con vivas a la República, siendo arrojado a la calle el interruptor)". Azorín según dice el periódico -, "prosigue su discurso, entre grandes aplausos, demostrando la indestructibilidad de la actual República. Coteja la situación con la del 73, en la que los monárquicos siguieron disfrutando los puestos del Estado. Aquella República desdeñó al socialismo y cayó porque no tenía la base popular de la actual República, que es producto de una evolución de treinta años. Recuerda la reunión de la Liga Agraria, que ya pedía un programa que sólo podía dar la República. Detrás viene el desastre colonial, y tras ese periodo, la crítica de monárquicos como Alba, Maura, etc., y del grupo de escritores de la generación del 98, unos en el Parlamento, otros en el periódico, en la calle y en la novela, que fueron creando el ambiente de crítica de la Monarquía hasta que llegó la Dictadura impuesta por el rey. Alude a los extremismos y dice que los extremos se tocan y que esos hombres obstinados que piensan en que puede sucumbir la República no se dan cuenta de lo que esto significaría para España. No quedarían ni los cimientos de los conventos ni de los Bancos. El pueblo defenderá el régimen; pero a esas clases conservadoras por patriotismo hay que pedirles que colaboren con la consolidación de la República para hacer una nación digna de Europa. Azorín es aplaudidísimo".
Posteriormente, Azorín se dirigió a Alcoy con el fin de dar otro mitin. Ese mismo día, 27 de junio de 1.931, el poeta modernista Antonio Montoro11 escribe en El Luchador su postura favorable a los hombres de izquierda, radicales - socialistas y socialistas, alabando a Carlos Esplá y a su paisano, amigo y admirado Azorín, de quien se pregunta si es cierto que representa en el momento actual la faceta socialista más avanzada de la intelectualidad española, ignorando, evidentemente, que estaba a punto de ser borrado y sustituido en la lista de candidatos por Izquierda Republicana y Socialista, debido a su persistencia en no causar baja de la candidatura de La Raza Ibera.
¿Por qué se inclina hacia La Raza? ¿Será acaso porque prefiere estar al lado de literatos como Ortega y Figueras, o de célebres músicos como Oscar Esplá, o de intelectuales como Bernácer, antes que con puros políticos como Llopis o Botella Asensi? No lo sabemos, pero el caso es que El Luchador12, especifica claramente que los partidos socialistas y radical -socialista han dado la sensación perfecta de disciplina votando con unanimidad a los compañeros que salieron elegidos, entre quienes no estaba Azorín por ser retirado de la candidatura su nombre veinticuatro horas antes de la jornada del domingo. El periódico felicita, principalmente, "a los queridos camaradas Carlos Esplá, Pérez Torreblanca y Gomáriz", que comparten la redacción de esa tribuna republicana.
Azorín publicó un artículo en Crisol lamentándose de su "caso" electoral en Alicante. En El Luchador, 2 de julio, el corresponsal de Crisol en Alicante se entristece por el propósito de Azorín de no volver a pisar su tierra natal; saliendo al paso de ciertas insinuaciones hechas por el escritor, informando a sus lectores que "los dirigentes de los partidos republicano radical -socialista y socialista quisieron desde el primer instante llevar a las Cortes a los máximos prestigios alicantinos y de ahí que ofrecieran un puesto a Azorín, sin pedirle por ello rectificación de su criterio republicano. Martínez Ruiz aceptó agradecido y prometió venir con Rodolfo Llopis al mitin que había de celebrarse. Pero no vino, aun avisándole el día de salir de Madrid. Y aun cuando ninguna explicación dio Azorín a esta falta de asistencia, siguieron socialistas y radicales - socialistas defendiendo y recomendando el nombre del gran monovero. Llegó la noche del mitin organizado por la Agrupación al Servicio de la República (La Raza Ibera) y a él asistió Azorín. Antes, los dirigentes locales de los partidos aliados para la elección y que patrocinaban su nombre, visitaron al pequeño filósofo para rogarle aclarar, definir su posición. Porque era igual que Azorín fuera a la elección con este o el otro criterio partidista; lo que no podía aceptarse es que actuase inconscientemente de salvoconducto de una candidatura, sirviendo de red para la caza de incautos. A esto no quisieron prestarse, por el propio prestigio de Azorín, quienes orgullosos de ser, como él, alicantinos y fervorosos admiradores de su arte, tenían antes que nada la responsabilidad del resultado en la contienda de los partidos que representaban."
Así pues, Azorín fue tachado de la lista de Izquierda Republicana y Socialista, candidatura que fue, a la postre, la gran vencedora. Los resultados pueden verse en El Luchador, 29 de junio, cuyo escrutinio - redondeando cifras - quedó así:
IZQUIERDA REPUBLICANA Y SOCIALISTA.- Botella Asensi, 64.000; Carlos Esplá, 71.000; M. González Ramos, 62.000; Julio M. López, 67.000; Rodolfo Llopis, 73.000; Jerónimo Gomáriz (sustituto de Azorín) 33.000; A. Pérez Torreblanca, 67.000 y E. Rodríguez Vera, 66.000 votos.
COALICION REPUBLICANA.- M. Cámara, 35.000; P. Beltrán de la Llave, 23.000; C. Oarrichena, 33.000; G. Ridaura, 25.000; C. Puig, 33.000; J. Chapaprieta, 32.000; M. Pomares, 27.000; R. Catalá, 26.000 votos.
LA RAZA IBERA (Amparada por la Agrupación al Servicio de la República). - J. Cañizares, 26.000; J. Pérez García-Furió, 10.000; Azorín, 3.000; G. Bernácer, 2.700, viniendo mucho más atrás Figueras, Guardiola Ortiz y Oscar Esplá.
En Alicante capital el más votado fue Carlos Esplá, con 12.260 votos. Luego vienen, respectivamente, Llopis, López, Botella, Torreblanca, Devesa, Gomáriz, Pérez García, G. Ramos, Cámara, Puig, Bernácer, Chapaprieta, Oarrichena, Pomares, Beltrán, Ridaura, Catalá, Azorín (con 988), Figueras, Cañizares y Oscar Esplá. Los diputados electos fueron Carlos Esplá, Llopis, Torreblanca, Rodríguez, G. Ramos, Botella, López y Gomáriz, por Izquierda Republicano Socialista y Socialistas, así como Cámara, Puig y Oarrichena como republicanos lerrouxistas. Dos cuestiones nos llaman la atención: una, Oarrichena protestó varias actas; y dos, la mayoría de los diputados elegidos eran masones. Nos referimos a C. Esplá, López, Llopis, Gomáriz, Torreblanca y Rodríguez por Izquierda Republicana Socialista; y a Cámara, 0arrichena y Puig, por C.R. Azorín, anonadado por el fracaso obtenido, se confiesa a José Capilla Beltrán - uno de los azorinistas más fervientes y documentados -, en estos términos:
"Querido amigo Capilla: Muchas gracias por su amable telegrama. La aventura electoral ha sido un advertimiento provechoso en alto grado; mi vida política en Alicante - tan breve - ha terminado definitiva y totalmente. No quise que si algún día se me reprochaba que no había acudido al llamamiento de mis coterráneos, tuvieran razón los que formularan el reproche; pero la prueba esta hecha, y a otra cosa. No contesté a ninguna de sus dos últimas cartas, porque lo que tenía que decirle no era grato para un compañero; ahora ya creo que puedo ser sincero. Su ensayo acerca de Miró es excelente, pero no se puede colocar al lado de una joya de purísimo oro la prosa de Miró otra de simple oropel13. La sola equiparación, o sencillamente, emparejamiento, es una impiedad, y no necesito puntualizar más; usted me entiende. Siempre sinceramente queriéndole. Azorín, 2 de julio 1.931".
No acertamos a comprender la falta de entereza de Azorín, si en verdad se sentía identificado con los integrantes de Izquierda Republicana Socialista. Por contra, existe otra lectura del tema: verlo consecuente con sus declaraciones, del 26 de febrero de 1.931, en El Sol, manifestando que no se sentía unido a la Agrupación patrocinada por Ortega, Marañón y Ayala, pero que le parecía correcta esa actitud. Las declaraciones de Azorín en este diario son dignas de recordarse por su agudeza y porque pocas veces ha sido tan audaz, sincero y contundente, al abordar su faceta política. La entrevista gira en torno a estos planteamientos:
Los escasos votos recibidos de sus coterráneos hacen que Azorín se desilusione de la política y torne a centrarse en su profesión, redactando nuevos artículos en Luz. Ortega y Gasset seguía siendo como bien afirma Ouimette -, su jefe intelectual, "quien hizo todo lo posible por juntar la acción política al pensamiento14". Azorín expresó siempre su admiración por el filósofo, con quien le unía una estrecha amistad desde la etapa en que comenzó a colaborar en El Imparcial. Victor Ouimette vislumbra en su libro Los intelectuales españoles y el naufragio del liberalismo (1923-1936)15 , que Azorín había figurado entre las primeras adhesiones a la Agrupación, "desde enero de 1931"16. Es más, asegura que "su política personal armoniza con la definida por los intelectuales que constituían la Agrupación al Servicio de la República, organizada por Ortega y Gasset. Más que nunca, creía Azorín que todos los intelectuales españoles tenían el deber y la posibilidad de contribuir, cada uno según sus talentos personales, a la construcción de una nueva realidad social". Un juicio premonitorio, acertado e irrefutable, hasta tal punto que, merced a una carta dirigida por Azorín a José Ortega y Gasset, desde Madrid, con el membrete de la Real Academia Española, el 7 de febrero de 1932, hemos podido constatar que llegó efectivamente a formar parte de la Agrupación al Servicio de la República, como prueba el hecho incuestionable de solicitar su baja de esta formación. Leemos:
"Querido Ortega: No sé si habrá visto usted una noticia política referente a mi persona. Me encuentro muy débil aún y no puedo hacer visitas; de lo contrario iría yo, en vez de esta carta, a testimoniarle personalmente mi respeto y mi consideración. Con vivo sentimiento me despido de usted políticamente, y ruego a usted y a los demás compañeros, con toda sinceridad, que me perdonen si he podido cometer alguna falta durante mi estancia en la Agrupación. Cordialmente le saluda su amigo y admirador, Azorín"17.
El 30 de marzo de 1932, dedica un elogioso artículo a "Lerroux". Ensalza su figura, como no podía ser de otra manera a tenor de la epístola dirigida esos días a José Capilla Beltrán:
"Soy amigo de Lerroux desde 1897; es decir, desde hace treinta y cinco años, como quien no dice nada. Y ahora lo soy también político. Cordial saludo, Azorín"18
El periódico El Debate recoge, el 30 de julio de 1932, un recuadro si firma referente a la nueva postura del escritor. Leemos:
"¿Hay quién después del manifiesto de los socialistas que es la carta puebla de la República -, crea que es precisa para la consolidación y prosecución del régimen la asistencia de las derechas españolas?. Esto lo escribe Azorín que continúa haciendo la mariposa en colores y se va aproximando a los socialistas, cuyo manifiesto califica de carta puebla como pudiera denominarlo el "as" de copas (...). Conformes con Azorín. Pero no desconfiamos de leer algún día un artículo suyo comentando un manifiesto de Albiñana, del que nos diga que es el Tratado de Versalles"19.
El 15 de septiembre de 1932, Azorín fue nombrado Consejero de Cultura, tal como se lee en el diario Luz, de Madrid, del día siguiente. Junto a él figuraba, entre otros, Antonio Machado.
Hasta el 20 de septiembre de 1932, Azorín publica ciento setenta y seis artículos en Luz. El partido socialista, a través de su órgano de expresión El Socialista, lanza el nombre de Azorín como candidato para cubrir la vacante de diputado por Madrid y publican, en 1932, una serie de artículos prodigando los mayores elogios al escritor levantino. La Libertad, periódico republicano de Madrid, sale al paso de la maniobra. Reconoce y proclama los indiscutibles méritos literarios de Azorín, pero señala que no se trata de una justa literaria, sino de una elección política y que en este terreno el escritor no se ha distinguido nunca en la consistencia de sus ideas ni por el entusiasmo republicano. Lejos de ello es público y notorio que José Martínez Ruiz ha figurado en los grupos ciervistas, llegando a ocupar cargos destacados durante la monarquía. El Socialista insiste, no obstante, en la candidatura de Azorín, frente a la de Antonio Zozaya, propugnado por La Libertad. Al final, abandonan el nombre del autor de Superrealismo como candidato por Madrid de la conjunción republicano-socialista.20
Sea como fuese, el caso es que, aunque no volvió a pisar la tierra alicantina desde 193121, tampoco olvidó sus raíces, dejando escritas frases tan bellas e incuestionables como éstas: "Hay una tierra en España que yo amo sobre todas las tierras. Se halla situada frente a un mar diminuto, estantivo y glorioso" o bien, "Más amor que yo tengo a mi cuna no podrá tenerlo nadie a la suya".22
Al observar estas actitudes tan contradictorias en Azorín nos viene a la mente, una vez más, su difícil personalidad. Sería bueno recordar que el propio escritor tanto en sus Memorias (1943) como en Memorias Inmemoriales (1946) advierte que "no escribe una biografía; imposible las autobiografías, y más imposibles las biografías". De ahí que considere que en estas obras sólo facilitará "trazos más o menos coherentes" de una personalidad: la suya. Y comienza con hacernos dos confidencias: "He llegado a tener horror a la realidad", por cuanto sufrió en el exilio de París23 y a su vuelta con la prohibición de escribir en la prensa; y "Lo hondo no gustaba manifestarlo nunca. Ni en los escritos (...) ni a nadie, ha revelado nunca X sus íntimos sentimientos". Frase contundente, auténtica, que concuerda con el hecho de que asuntos como su relación con Julián Besteiro y Margarita Nelkens ó su pertenencia a la Agrupación al Servicio de la República sólo han podido ser conocidos, parcialmente, en los últimos años.
Únicamente, a través de escasísimas cartas cruzadas con Ortega y Gasset, Mariano Rodríguez de Rivas, José García Mercadal, José Capilla Beltrán o su hermano Amancio, hemos podido averiguar algunas lagunas de su biografía. Azorín hizo de la duda su mejor compañera e intentó no manifestarse en determinados momentos como, por ejemplo, en 1931, cuando se presenta a Diputado por Izquierda Republicana Socialista y la candidatura de La Raza Ibera.
Empezamos a adivinar rasgos de su enigmática personalidad, lo cual, unido a la revalorización del escritor, ayuda a comprender mejor alguna de sus obras. Sin embargo, siguen planteándose enormes dudas sobre su personalidad. Unas dudas que forjó el propio escritor quien, celoso de su intimidad, no gustaba revelar en la medida de lo posible -, ni sus fuentes de inspiración, ni su pensamiento acerca de planteamientos políticos o, simplemente, alguna de sus preferencias literarias, como es el caso, en un momento dado, de Maurras.
Para muchos, Martínez Ruiz era reconcentrado, tímido24 y apaciblemente enamorado de la quietud y el pensamiento. Se han escrito decenas de juicios adversos a su forma de ser y a su obra25. A modo de muestra, cabe citar:
En realidad, cada autor tiene su etiqueta. Azorín está lleno de tópicos. Para unos "es el paisaje27"; para otros, "un escritor de estilo pulcro y conciso"; y hay, incluso, quienes, como Umbral opinan que "es corto en frases y en ideas".
En J. Martínez Ruiz advertimos una enorme cruz que en pocas ocasiones deja entrever. Así, en su juventud, afirmaba: "Yo no he vivido el amor. Todos mis amores han sido fugaces, momentáneos, desabridos... Sueño con idilios tumultuosos y febriles..."; en su ancianidad, anotaba: " "Toda una vida que he dedicado a los libros, y no a la realidad. Y esta vida inaprovechada, se me va acabando ya...". Unas frases íntimas de las cuales parten claves para entender ciertos rasgos de su personalidad.
Para el doctor Blas Aznar , cuantas influencias se han detectado en Azorín "no son más que las naturales consecuencias de cómo afines personalidades biológicas (Clarín, Silverio Lanza, Goncourt, Rilke...) perciben, evocan y relatan, a través de sus peculiares caracteres, temperamentos y aptitudes literarias, las impresiones del mundo circundante. No se vea pues, en esas coincidencias, que algunos han pretendido elevar a la categoría de influencia, otra cosa que afinidades biológicas de los autores".
Recuérdese, a este respecto, que Azorín decía "no confundamos la influencia con la imitación. La influencia fecunda es a modo de irradiación tenue de una obra que nos place, sobre la obra estamos escribiendo o vamos a escribir. La obra leída será de una índole y la nuestra será de otra; la obra leída será tal vez drama y lo nuestro será poema. No importa: un efluvio magnético creará en torno a nuestra obra un cierto ambiente espiritual de la obra que hemos leído. No se podrá hablar en este caso de imitación; ni aun los críticos más penetrativos podrán ver coincidencias en una obra y en otra. Y, sin embargo, la otra no existiría".
Siguiendo al doctor Blas Aznar28, la indiferencia que Azorín adoptó ante las críticas favorables y adversas deriva, en gran parte, del consciente o subconsciente convencimiento de que su obra es suya, de su personalidad, ni siquiera matizada por factores extraños. Aunque admite alguna influencia, reconoce que es "complejísima" y "constituye un problema que no se resolverá jamás".
Se olvida que "la creación literaria es obra de la personalidad humana que percibe, evoca y relata hechos y fenómenos de su mundo circundante a través de una estructura corporal y anímica que es la que, en definitiva, hace y moldea la creación artística". De ahí que debamos incidir, cada vez más, en el estudio acotado de la biografía de Martínez Ruiz; única forma de entender mejor las claves de su inmenso legado. La obra azoriniana te hace ir hacia el autor como persona en este caso, 1931-1932, como escritor y político -. Azorín es tan atípico, en ocasiones, que se permite que la coincidencia de la voz del narrador, del autor e, incluso, del propio personaje.
La figura azoriniana siempre ha estado entre un lado y otro del péndulo: de una parte, se le ha admirado y, de otra, ha sido objeto de diatribas y feroces ataques. Por eso es necesario ir desmenuzando parcelas de su bio-biografía como la expuesta en este artículo; las Actas del III Coloquio Internacional de la Universidad de Pau sobre "Azorín 1904-1924"29; Los intelectuales españoles y el naufragio del liberalismo (1923-1936), de Victor Ouimette30 o, más recientemente, El último Azorín (1936-1967)31, del profesor Ramón F. Llorens.
Para ahondar en su personalidad, también se ha de recurrir al testimonio de quienes le conocieron de cerca, entrevistaron y, posteriormente, recogieron sus impresiones. Entre ellos cabe citar a Gómez de la Serna, García Mercadal, Cruz Rueda, Gómez Santos, Riopérez y Milá, Pérez de Ayala, Vega Díaz o Marañón. Hay una opinión, referida a los años treinta, que no ha sido suficientemente divulgada, la del académico Guillermo Díaz Plaja que gozó de la amistad y el apoyo del escritor. Dice textualmente:
"Cuando yo le conocí, en 1932, era todavía un hombre lleno, de piel tersa, de fuerte fisonomía. Tenía dos matices de delicadeza: su voz suave, un poco aflautada, una voz que oigo muchas veces en las gentes valencianas; y un gesto como tímido, como indeciso, que a veces se resolvía en largos silencios, embarazosos para el interlocutor. Era cuando le conocí el período en que intentó luchar junto a nosotros, los más jóvenes, por una renovación de la estética teatral española. Su intento se tradujo en un monumental fracaso; parte por el desacierto, parte por la rutina ambiente. Ni en este periodo le vi descomponérsele la figura"32.
Por último, y no menos importante, debemos tener en cuenta a la hora de acercarnos a un autor, a su personalidad, el estudio de su intimidad a través de su escenografía familiar. Ella sólo es posible advertirla mediante la visita pormenorizada a su Casa-Museo de Monóvar, Obra Social de la CAM. La Casa que habitó el escritor contiene unos espacios, una disposición de los muebles, un uso de las habitaciones, acomodadas por él a su manera de vivir, a su trabajo, a su pensamiento que permiten comprender mejor cómo era Azorín, cuál era su forma de vivir, trabajar o entender la vida; en definitiva, cómo era su núcleo existencial33. Esto queda perfectamente plasmado en la visita a la Casa-Museo que realizó Mario Vargas Llosa34.
Como afirmó Francisco Ayala, a "Azorín sigue increpándosele por su conducta política; y en su caso los reproches actuales son cansada prolongación de los que le hicieron en vida, cuando cada una de sus cambiantes posturas constituyó piedra de escándalo y suscitó explosiones de indignación furiosa entre sus conciudadanos"35. De ahí que sea tan oportuno seguir constatando "veraz y objetivamente"36 y de una forma acotada37 y pormenorizada su bio-bibliografía. Sólo haciéndolo de este modo podremos ir completando el puzzle de la compleja personalidad azoriniana y de su poliédrica y magna producción.
(Texto ampliado de nuestro artículo "¿Por qué Azorín no fue diputado por Izquierda republicana socialista?". Revista Orbe. Yecla, Ateneo Literario, 1985).
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Notas1Azorín inició sus elogios al partido socialista, el 9 de marzo de 1931, con su artículo "Glóbulos", publicado en el diario Luz. En él, se cuestiona: "¿ Quién no es socialista?. ¿Quién no tiene algo de socialista?. Todos, más o menos, perfecta o imperfectamente, somos socialistas (...) Socialismo es lo que más se parece a catolicismo". También, desde el diario de la República, reitera, una y otra vez a los conservadores que apoyen a la República, tal y como se lee en "Adiós a los amigos", del 10 de abril de 1931: " todo por España y todo por la República; no lo olvidéis (...) Por encima de vuestro sentimentalismo está la salud de España y de la República".
2 Miguel Martínez Mena en Alicante, 1931. Alicante, Caja de Ahorros de Alicante y Murcia, 1981, pág. 50
3Rodolfo Llopis (1895-1983). Una biografía política, de Bruno Vargas. Barcelona, Planeta, 1999, pág. 68 4"Uno de los más cercanos colaboradores de Largo caballero", en opinión de Bruno Vargas. 5Perteneciente, junto a Romualdo Rodríguez, a la tendencia "besteirista" del PSOE, según Vargas. 6Arqueólogo y Presidente del Ateneo Literario de Alicante. 7Partidario del federalismo y de la propiedad comunal. Pensaba que si no se resuelven adecuadamente estos problemas, "el pueblo hará la revolución que aún no ha hecho". 8Como buen economista, Bernácer basó su discurso en este aspecto, afirmando que "todos los regímenes caen por sus errores económicos. España vive aún pendiente de los problemas de escuela y despensa a que aludía Costa. Se extiende en el estudio de los problemas económicos, especialmente en lo relativo a la tierra y al capital, abogando por soluciones radicales". 9Crisol, 27 de junio de 1931 10Crisol, 27 de junio de 1931 11Natural de Monóvar, donde llegó a presidir la Sociedad Cultural Casino de Monóvar. 123 de julio de 1931 13Según Julio Capilla, se refiere a Blasco Ibáñez. 14Ver los artículos de Azorín sobre Ortega, "La materia histórica" y "1898", publicados en Crisol y Luz los días 9 de junio de 1931 y 26 de abril de 1932, respectivamente. 15Volumen I. Valencia, Pretextos, 1998, pág. 351. 16Es posible que las primeras conversaciones para que Azorín formara parte de la candidatura del periódico La Raza Ibera, de Alicante, amparada por la Agrupación, fueran de esas fechas, puesto que las elecciones estaban previstas en junio de 1931. 17En Obras Escogidas, de Azorín. Tomo III. Madrid, Espasa Calpe, 1998, págs. 1529 y 1530 18En Escritos de José Capilla sobre Azorín y Miró. Introducción, selección y notas de Julio Capilla. Alicante, CAM, 1999, p.93 19"Azorín, político: del federalismo a la guerra civil", de José Payá. Homenaje a Azorín en Yecla. Murcia, CAM, 1988, pág. 46 20Mi hija Hildegart, de Eduardo Guzmán. Libros Reno núm. 575, 1977, págs. 145-146 21Según el pintor Francisco Peiró Navarro, Azorín paró en la estación de ferrocarril de Monóvar para conversar con su suegro, don Francisco Navarro personaje de Memorias Inmemoriales -, y con otros destacados monoveros, de camino a su mitin en la Plaza de Toros de Alicante. 22Frase extraída de una carta de Azorín dirigida, en 1929, a Queremón Alfonso, Primer Teniente del Ilmo. Ayuntamiento de Monóvar y una de las personas que más le ayudó a despejar dudas para la edición de Superrealismo. 23"Nuevos datos sobre el exilio de Azorín", de José Payá. Azorín et la France, Actes du II Colloque International. Pau, Université, 1992, págs. 311-325 y "Facetas del exilio (sobre Sintiendo a España)", Azorín et laFrance, Actes du II Colloque International. Pau, Université, 1992, págs. 301-310 24"Los que le conocimos y le tratamos sabíamos que había en él un poco de timidez, un pequeño desasosiego íntimo que parecía lejanía espiritual", confiesa Díaz Plaja en su libro En torno a Azorín. 25En Memorias Inmemoriales recuerda en el capítulo "Papeles": "Habrá sido seguramente X el escritor más improperado de su tiempo (...). Si X conservara todo cuanto se ha escrito contra su persona, tendría su casa abarrotada de periódicos, revistas, folletos y libros. No guarda nada; su impasibilidad ante el grosero ataque se ha consolidado con los años". 26En opinión de Luis Rosales, "Azorín ha sido el creador de la prosa moderna española y ha sido también el creador de la nueva sensibilidad española". 27Para José Alfonso Vidal, "Azorín es el primer escritor que dio sentido al paisaje español". 28Personalidad biológica de Azorín. Salamanca, Universidad, 1973 29Coedición de la Université Pau Universidad de Murcia, 1996 30Valencia, Pretextos, 1998. Vol. I 31Alicante, Universidad, 1999. 32En torno a Azorín. Madrid, Espasa Calpe, 1975, pág. 183 33"Las rutas literarias de las Casas-Museo", de Gonzalo Rey Lamas. Santiago, Congreso Internacional de Itinerarios Culturales, 15 de noviembre de 2000. Ponencia facilitada a los asistentes al VII Encuentro de la Asociación de Casas-Museo y Fundaciones de Literatos Españoles celebrado en Madrid, en la Casa de Cantabria, los días 19 y 20 de diciembre de 2000. 34 "Piedra de toque: Una visita a Azorín". Anales Azorinianos núm. 4. 35 El escritor y su imagen (Ortega y Gasset, Azorín, Valle-Inclán, Antonio Machado) .Madrid, Ediciones Guadarrama, 1975, pág. 43 36 Tal como recoge Ayala, Eugenio G. De Nora, en La novela española Contemporánea, considera que "las veleidades políticas de Azorín se silencian indebidamente, o son aludidas con exceso de benevolencia, cuando no con posición de partido. Pero no es necesario entrar en un delicado juicio moral, sino constatarlas, veraz y objetivamente". 37 Ouimette creía que la actitud de Azorín "hacia la política entre 1931-1935 revela también la creencia del intelectual en la invulneralidad esencial del espíritu humano, así como una fuerte sensación de que las ideas que Azorín defendió al principio de la República no habían cambiado de un modo fundamental". Para él, Azorín fue, ante todo, un liberal instintivo.